"Te tengo de algún lado"


Salí de la facu y camino a la parada del colectivo me crucé con un chico que me resultaba muy pero muy familiar. Sin embargo, no podía acordarme de dónde lo conocía. Por suerte ni me miró -pensé- porque realmente no sabía si correspondía o no saludarlo.

Me subí al colectivo y me estaba matando la intriga, porque sabía que lo tenía de algún lugar y me daba bronca no poder acordarme. Digamos que no me gusta perder ni contra mi propia mente, sabía que hasta que no resolviera el asunto no iba a parar de pensar. 

Pero ya llegando a casa, tocando el botón de la parada en la que me bajo todos los martes y jueves, me di por vencida. Y no sé que me molestó más. El no haber sido capaz de reconocer al pibe, o el hecho de que sin saber en que más pensar, mientras bajaba las escaleras del bondi, me terminara diciendo a mi misma la siguiente frase: "Fue, seguro es alguno de Happn".

Puse un pie en vereda y me di cuenta de lo patético que sonaba lo que acababa de cruzar mi mente. ¿Desde cuando las personas se conocen "de happn"? Suena un poco bizarro ¿O no?. Pensé en eso e inmediatamente me sentí parte de una especie de secta de gente especial o peor aún, un grupo de rehabilitación para personas con desórdenes de relacionamiento afectivo.

Y mientras caminaba hasta casa no podía dejar de hacerme todo tipo de preguntas: ¿Lo uso tanto como para suponer que puedo reconocer a alguien de ahí en la calle? ¿Ellos me reconocerán a mi? ¿Será que voy por la vida con un cartel de Tinder/Happn en la frente?.

¿Sabés como me doy cuenta que es patético? Porque nadie que vaya por la calle y efectivamente reconozca a otro "happeniano" o "tindereano" en la vida real se atrevería a saludarlo. Es simple. Eso lo dice todo. Nadie está orgulloso de ser parte de la galería virtual de gente que quiere algo o nada con otra gente. El mundo ON y OFF-line está claramente delimitado y cuando se cruzan esos limites, bajo circunstancias no planeadas, quedás totalmente en offside.

Y después de hacer esa reflexión me acordé de un historia con mis amigas mientras estábamos de vacaciones en Brasil que corrobora 100% lo antedicho. 
Hicimos toda una excursión, completa, 4 horas, en el mismo barco, con un chico que hablaba con mi amiga por una de estas redes virtuales y ninguno de los dos se animó a decirse una sola palabra. Eso si, cuando la excursión había terminado y volvimos a enganchar wifi en el hostel, llegó el mensaje de "Daniel" diciéndole que le parecía haberla visto.

O Daniel es un boludo y estando en una playa paradisíaca en Brasil no supo aprovechar la oportunidad, o haber subido 4 o 5 fotos nuestras para que otra persona nos ponga una cruz o un corazón es tan pero tan antinatural que cuesta reconocer que seamos parte de ello.

Se las dejo como reflexión para esta noche de viernes en la que, como está a la vista, no tengo ningún otro mejor plan que escribir sobre el lado Z del amor.

Ah! Y al final, después de todo este quilombo de pensamientos, me acordé quien era el chico. Un proveedor que trabajaba conmigo y había visto una sola vez. Nada pero nada que ver.

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